Ser mujer es
un verdadero arte. Una destreza que se adquiere a base de amor y sacrificio.
Quiero
compartir con ustedes según mi poca experiencia,las cualidades más
admirables en una mujer. Claro que no deben ser las únicas, pero sí considero que son de las
más importantes:
1. PRUDENCIA
Una cualidad
que en sí habla de otros valores significativos como la paciencia, una persona prudente
dice las cosas a la persona correcta, de la manera correcta, en el lugar
correcto y en el momento correcto. Ser prudente a veces representa un gran
reto, ya que, por naturaleza, tendemos a confundir la sinceridad con la
prudencia. Cuántas veces tomamos papeles que no nos corresponden y deseamos ser
esos jueces. No falta quien dice... “¡Te va a doler lo que te voy a decir...
pero como soy muy sincera, te lo tengo que decir...
Nos falta
prudencia para reconocer que no todos tenemos la misma sensibilidad y que los
estados de ánimo cambian constantemente. Que el día de hoy puedo estar mucho
más sensible que ayer. Una mujer prudente, analiza el momento adecuado para
tratar determinada situación, la paciencia, es la mejor amiga de la prudencia.
2. INTELIGENCIA
La
inteligencia de una mujer para sobrellevar tantas situaciones adversas e
inesperadas. Esa inteligencia que le da las herramientas para tratar con diversos temas.
Fomentar
este valor requiere de constancia y disciplina. Admiro a esas mujeres que hacen
de los libros sus amigos. El leer, generalmente nos transporta a otros lugares
y momentos. Nos ayuda a capacitarnos sobre temas que durante la vida
necesitamos. Una costumbre muy común entre las personas es caer en “el síndrome
del producto terminado”. El creer que ya todo lo sé. “Ya leí durante mi primaria,
secundaria y la universidad todo lo que tenía que leer”.
Una mujer
inteligente, explota al máximo su intuición. Esa característica de leer entre
líneas. De detectar cosas que el hombre no detecta. De leer miradas en sus
hijos y detectar que algo está mal. De sentir y percibir las preocupaciones de
quienes la rodean.
3. MANEJO DE LA IRA
Por supuesto
que no es malo enojarse. La diferencia esta en cómo nos enojamos. Lo que decimos cuando no
controlamos este sentimiento que tanto daño hace a los demás. La ira en sí es
un sentimiento normal. Un sentimiento que debe y merece ser canalizado de la
mejor manera. El arte consiste en saber enojarse con “categoría”. No caer en el
juego de las otras personas, que muchas veces lo que más desean es ver nuestro
punto débil y constatar que no somos tan fuerte como hacemos creer.
Busca el
mejor momento y las palabras correctas para transmitir tu malestar. Busca y sé
asertiva para aclarar los puntos en cuestión. Detecta las señales de alarma que
tu cuerpo te grita cuando estás perdiendo la calma, porque la mayoría de las
veces nos arrepentimos no de lo que quisimos decir, sino de la forma cómo lo
dijimos y los adjetivos que utilizamos para darnos a entender.
4. FORTALEZA ANTE LA ADVERSIDAD
Un
condicionamiento equivocado que hemos tenido desde hace muchos años es creer
que la mujer es el sexo débil. Cuántas historias conocemos de mujeres que ante
y durante la adversidad han demostrado y sacado adelante a sus hijos, cuando la
soledad y el abandono se hacen presentes. Y cuando digo soledad, estoy hablando
también de esa soledad de estar acompañada y no tener el apoyo del ser amado.
5. SENTIDO DEL HUMOR
Claro que el
saber reír es característica admirable. La risa hace milagros, calma tempestades.
Recuerden que la risa es contagiosa y hace verdaderos milagros. Una sonrisa a
tiempo abre corazones, aumenta el carisma. Es un hábito que merece ser
fomentado ya que no cuesta nada.
Que cuando
estén presentes y ausentes sean la alegría y la entereza el factor que más
admiren en ustedes.
“Te conviertes en un ser entrañable cuando
haces sentir a alguien que se siente simple, todo un personaje”

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