Un
viejo carpintero estaba listo para jubilarse.
Le conto a su jefe los planes de dejar el servicio de carpintería y construcción
de casa, para vivir una vida más calmada, con su familia. El dueño de la
empresa sintió mucho el saber la pérdida
de uno de sus mejores empleados y le pidió que construyese una última casa como
favor especial.
El
carpintero acepto sólo por cumplir con
la última petición de su jefe pero con
el tiempo era fácil ver que no se empeñó
en la construcción utilizando mano de obra y materia prima de baja calidad. Fue
una manera lamentable de cerrar su carrera, cuando el carpintero termino el
trabajo, Su jefe vino a inspeccionar la casa entregándole la llave de la puerta
al carpintero.
Dijo
el: “Esta es su casa, Mi regalo para
usted...“
¡¡
Qué vergüenza!! Si el supiera que estaba
construyendo su propia casa, lo habría hecho completamente diferente, sin límite de gastos. Ahora iría a vivir en una
casa hecha de cualquier manera.
Construimos
nuestra vida de material que invertimos en
su diseño, algunas veces invertimos menos de lo que más necesitamos, limitamos así gastos que pueden elevar nuestro precio, no
colocamos nuestro mejor esfuerzo. Entonces nos damos cuenta que estamos
viviendo en la casa que construimos a base de nuestro trabajo que invertimos.

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